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lunes, 19 de noviembre de 2007

Cambio Climatico: Cada vez toman más fuerza los planes de colonización espacial – 1ra. Nota del día

Algunos en la élite de poder norteamericana sueñan con planetas sin contaminar para «mudarse» en caso de ser necesario
La red al día

Por: Amaury E. del Valle

Correo: informatica@jrebelde.cip.cu
15 de noviembre de 2007 00:06:26 GMT

Mientras en Valencia, España, esta semana expertos mundiales debaten sobre el cambio climático global, e incluso algunos aventuran que sus efectos pudieran ser irreversibles, en otros lugares del planeta otras mentes visionarias, o calenturientas, ya están buscando un sustituto para el planeta Tierra.

No se trata de una idea fantástica o nacida de la ciencia ficción, cada vez con más fuerza se impone en algunos la mentalidad del cambio de hábitat, o sea, de planeta, que si bien a lo mejor no veremos, por lo menos ya se está construyendo.

Más allá de la colonización con fines económicos o estratégicos, gobiernos como el de Estados Unidos se han trazado con fuerza la estrategia de colonizar el espacio, para eventualmente «mudarse» en caso de ser necesario, situación hipotética que parece estar cada vez más cerca si miramos el estado de «desnutrición ecológica» que vive nuestro planeta.
¡Tierraaa a la vista!

Hace apenas una semana, investigadores de la San Francisco State University, Estados Unidos, anunciaron haber descubierto un nuevo planeta con una estrella que lo alumbra muy parecida a nuestro Sol, y que además tiene aproximadamente la misma masa y edad.

La astrónoma Debra Fischer, líder del equipo, explicó que este sol, al que los científicos se refieren como Cancri 55, gira dentro de las llamadas órbitas de Ricitos de Oro, una zona que está muy alejada de nuestro sistema solar.

Ubicado a 41 años luz (un año luz equivale a 9,46 billones de km), el descubrimiento es «una clara evidencia científica de que nuestro Sol y su familia no son algo inusual. Muestra que la Vía Láctea contiene miles de millones de sistemas. Y sospechamos que alguno esconde un planeta como la Tierra», afirmó a la prensa el también astrónomo Geoff Marcy, coautor del hallazgo.

Y es que las pesquisas en el inmenso espacio exterior que nos rodea arrojan hasta el momento, solo en la Vía Láctea, nuestra galaxia, que existen 200 000 millones de soles, y en el universo, más de 100 000 millones de galaxias.

O sea, que sería muy ingenuo suponer que estamos solos allá afuera. Aunque de eso a asegurar que allá hay vida «inteligente», queda un buen trecho por caminar, en especial porque los más osados investigadores no descartan que la vida, como se le conoce en nuestro planeta, pudiera ser muy diferente de acuerdo con las condiciones de hábitat.

La idea de que estamos acompañados, dejando a un lado con todo respeto a la ciencia ficción, no es nada nueva. Ya el filósofo Lucrecio, en el siglo I a.n.e., hablaba de la existencia de seres semejantes a nosotros en otros lugares del firmamento.

No faltan hasta cálculos matemáticos que predicen cuántos somos en el universo, como el ideado por el astrónomo y matemático norteamericano Frank Drake; y hubo quienes suponían, como el famoso astrónomo Carl Sagan, que en nuestra galaxia debían existir aproximadamente un millón de civilizaciones parecidas a la nuestra o más avanzadas.
Nos vamos a la luna

Más allá de opiniones a favor o en contra, hay quienes han decidido desde hace mucho, no esperar a que nos visiten y salir a buscar «nuevos mundos» afuera, algo muy loable si de un bien se tratara, y no de los oscuros intereses que parece haber detrás de algunos planes.

Desde el año 2001 la Agencia Aeroespacial de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés) echó a andar un proyecto de «colonización espacial» que incluye la reconquista de la Luna, llevar astronautas a Marte, y eventualmente establecer bases espaciales fijas en alguno de estos lugares.

Aunque los fines de investigación priman en los discursos, de vez en cuando a alguno de los ideólogos de estos proyectos se les ha escapado una que otra frase que deja ver entre líneas las verdaderas intenciones.

Por ejemplo, Michael Griffin, administrador de la NASA, durante una visita al Centro Espacial Jonson, en Houston, Texas, a principios de 2006, aseguraba a la prensa que «tenemos el dinero para hacer cosas buenas», en alusión a la falta de presupuesto que afectó al programa espacial norteamericano... hasta que Bush Jr. llegó al poder.

Los planes de retorno del hombre a la Luna y de misiones tripuladas a Marte han disfrutado en los últimos años de un flujo sostenido de fondos, solo comparables a los que se recibieron cuando la NASA llevó a cabo el programa Apolo, que puso por primera vez a un hombre en la Luna el 20 de julio de 1969, en plena Guerra Fría.

«A mi juicio, podemos ir a la Luna. Podemos ir a Marte. No lo podemos hacer tan rápido como quisimos durante Apolo, pero sí podemos hacerlo», aseguró en aquella ocasión un entusiasmado Griffin, a quien se le fue la lengua al preguntarles a los empleados del Centro Espacial Jonson: «¿Creen ustedes que Estados Unidos debe ceder la Luna a los chinos, los europeos, los rusos...? Les apuesto que la respuesta sería... no».

El administrador de la NASA está muy seguro de esto porque cuenta con el visto bueno de W. Bush, a quien ni el desastre del transbordador Columbia, el 1ro. de febrero de 2003, ha logrado frenar. Apenas tres años después el Discovery, el más antiguo de los transbordadores en uso, ha vuelto a la carga, dejando atrás el mal trago de su accidentado gemelo, que costó la vida a sus siete tripulantes, al desintegrarse cuando entraba a la atmósfera de retorno de una misión.
Planeta-casa limpiecito

El proyecto internacional más fuerte de conquista en el espacio es hoy la Estación Espacial Internacional (EEI), iniciativa en la que colaboran la NASA, la Agencia Espacial Europea, Rusia, Japón y otros países, y que se ha mantenido durante años con astronautas a bordo.

Fruto de la colaboración entre todos, la EEI ha servido para innumerables investigaciones científicas y desempeña un rol fundamental en las relacionadas con el cambio climático global y su impacto en diversas áreas del planeta.

Sin embargo, y no por ello dejando a un lado la EEI, el gobierno norteamericano está buscando crearse su propio camino sideral. Los planes en ese sentido incluyen una serie de exploraciones del sistema solar con sondas enviadas por la NASA a Marte y Saturno, así como dos misiones que explorarán a Júpiter y el sistema formado por el planeta Plutón y su luna Charon, recién descubierta en 1978.

En la próxima década, el proyecto Juno estudiará el planeta Júpiter como parte de un programa llamado Nuevas Fronteras, una misión que deberá estar lista para lanzamiento el 30 de junio de 2010, a un costo previsto de 700 millones de dólares, y a la cual en 2014 le seguirá una sonda que será enviada al planeta Plutón, y que también investigará el cinturón de asteroides Kuiper.

«Estamos entusiasmados con nuestra exploración de los confines de nuestro Sistema Solar durante la próxima década», manifestó a la prensa Ghassem Asrar, viceadministrador de Misiones Científicas de la NASA, en el comunicado que anunciaba el ambicioso proyecto.

No es para menos. Además de los incontables recursos minerales, incluyendo importantes cantidades de oro y plata, que se prevé existan en satélites como la Luna o en planetas como Marte, el posible descubrimiento de agua en este último sitio les ha abierto el apetito a algunos.

El explorador espacial

Ya desde la década de los 60 en el pasado siglo comenzó el envío de las primeras sondas espaciales por soviéticos y estadounidenses a Marte. Ahora, tras los descubrimientos efectuados en los últimos años por los robots Spirit y Opportunity en la superficie, así como de las dos sondas orbitales de Estados Unidos (Mars Odyssey y Mars Global Surveyor), y la de la Agencia Espacial Europea, Mars Express, crece con más fuerza la certeza de que este planeta podría ser «habitable».

Por eso no es extraño que algunos de la élite de poder norteamericana apoyen con tanto énfasis las investigaciones espaciales. No importa que cada viaje sea costoso, o que falten muchos años de investigación y desarrollo tecnológico para poder establecer una «colonia» humana fuera del planeta. Lo importante es que puedan ir unos pocos.

Si eso se logra, más allá de objetivos estratégicos y militaristas muy mundanos, quién quita que en el futuro algunos «afortunados» puedan dejar atrás el «calentamiento global», y hacer las maletas para mudarse a contaminar el espacio sideral, de la misma forma en que ahora ya existen millonarios que pagan su propio pasaje al cosmos.

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