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domingo, 28 de octubre de 2007

Espiritualidad: Sobre la Paz - 1 nota del día

Breve Análisis del tema de la paz.

¿Qué es la paz? Es algo más que una simple falta de conflicto, de ausencia de violencia, de desorden. Pero una definición clara, amplia y taxativa sin un concepto preciso, resulta muy difícil de lograr; ¿Existirá algo que el hombre no haya intentado para alcanzar algo parecido a un remanso de paz?

Sin embargo, el hecho de ignorar cuál es la verdadera paz hace que ésta se confunda con la tranquilidad y nos desviemos de un objetivo tan crucial para la humanidad.

Hace falta pues deshacernos de la nubosidad que vela el discernimiento y que no nos permite ver con claridad lo que es la paz.

LA GUERRA Y LA VIOLENCIA no son más que manifestaciones externas de lo que el ser humano vive en su interior, el hombre en sí mismo se encuentra dividido y sus partes están en una perenne lucha interna.

Este conflicto se expresa elocuentemente en las caóticas relaciones personales, familiares, sociales, nacionales, e internacionales. La verdadera paz solo se logra cuando logramos reconciliarnos en nuestro fuero interno, cuando conseguimos controlar de forma absoluta nuestra propia agresividad, cuando alcanzamos un estado de armonía profunda y hay orden en nuestros pensamientos y sentimientos.

Si observamos acuciosamente la vida, miramos que hay personas que ni aun en completa soledad logran tener paz, sus mentes y sus corazones están en constante efervescencia, hay angustia, ansiedad, ira, miedo, resentimiento...

Cuando el cuerpo y la mente entran en correspondencia de deseos y satisfacción de necesidades se produce un bienestar, optimismo y alegría que permite liberar los buenos sentimientos, la capacidad de darnos a nosotros mismos y la creatividad para producir valores.

Entonces vemos que una verdadera paz sólo se logra cuando conseguimos la paz espiritual, pues esto es lo que verdaderamente nos capacita para amar de forma genuina, y entrar en estado de autentica interacción de armonía con el entorno.

Solo cuando hablamos de paz espiritual podemos hablar de paz verdadera. Y una manera efectiva de lograr la paz espiritual es cuando logramos poner orden en nuestro cuerpo, en nuestra mente, en nuestro espíritu, en nuestro corazón.

Sólo mejorando nuestra vida en todos sus niveles y en todos sus aspectos, a través de la obediencia a la divina Ley Universal es que podremos alcanzar la paz propia y la del ambiente que nos rodea. Suena sencillo ¿verdad?

No puede haber mérito o galardón sin lucha y la más cruenta lucha es la que libramos con nosotros mismos día a día. Una dura batalla entre el bien y el mal se libra dentro y en lo más profundo de nuestro ser, donde el bien se impone por el bien… De los resultados que prevalezcan en este conflicto, depende la actitud que tomará el ser humano ante la vida.

Así como la paz entre las naciones no es solamente la ausencia de la guerra, en el hombre la paz no es la ausencia de problemas, sino una vida espiritual sana, armoniosa, en resonancia con todo lo que nos rodea... incluyéndonos a nosotros mismos.

¿Y cómo cumplir la Ley? Escuchando la voz interior que nuestra conciencia ha puesto sobre la balanza. Cuando comprendemos que esta voz es la voz de Dios y voluntariamente asumimos nuestra responsabilidad humana, cumpliendo con nuestra misión de ser útiles a quines viven a nuestro alrededor es como encontramos el camino del cumplimiento.

La Ley se cumple no deseando para el prójimo lo que no queremos para nosotros, así como haciendo para ellos lo que deseamos que hagan para nos.

No hace falta otra cosa que observar los mandamientos elementales, no quitar la vida a nadie, no robar; evitar ofender con hechos, con palabras, o con el pensamiento; no deshonrar las cosas sagradas, ni la vida ajena ni la propia; no dejarnos invadir por la envidia, no usurpar el lugar que no nos pertenece ni codiciar lo ajeno; no tratar de engañar para sacar ventajas, no ser alevoz en nuestra actitud, diciendo mentiras u ocultando la verdad que pueda dañar u ofender al prójimo...

Cumplimos siendo sensibles y compasivos en nuestros corazones, siendo tolerantes, olvidando las diferencias que nos dividen, mirando que en verdad no existe separación entre nosotros, que somos componentes de un Todo, partecitas de un Cosmos universal. Siendo equitativos, reconociendo y respetando los derechos de nuestros congéneres, y también los derechos inherentes a todos los seres vivientes, incluyendo el medio ambiente, es también una manera de cumplir la Ley y de encontrar el camino hacia la paz.

En resumen, cumplimos con la Ley poniendo en práctica las palabras del divino Maestro: - “Ama a tu prójimo como a ti mismo”- tan simple como eso. Sólo basta pues, con amar verdaderamente, con tener una visión amplia, clara y optimista del futuro… Sólo es necesario hacer prevalecer la mansedumbre sobre la agresividad, la razón sobre la necedad, el dar sobre el recibir… Sintetizando, nada más hace falta tener una visión trascendente de la Paz para llegar a conocer y a disfrutar de la Paz Verdadera en esta Tierra.

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