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domingo, 17 de junio de 2007

Un texto de Juan Bonilla

Imagine que se encuentra con alguien que le dice que ha nacido en 1345. Tiene, a pesar de eso, buen aspecto. Se ayuda con un bastón, pero no se le corta el aliento por subir diez peldaños. Y todavía, según las mejores previsiones, le quedan unos cincuenta años más de vida.

Por supuesto, esto es pura ciencia-ficción, por el momento. Si se hiciera realidad, es posible que en el año 2870 nuestros nietos todavía respiren, caminen, voten, cobren una pensión (que por cierto ya la habrán cobrado durante unos cuantos siglos).

Quien apuesta por ello no es un telepredicador del tres al cuarto ni se está refiriendo a la clonación constante de un mismo ser para atravesar los túneles del tiempo.

Es un catedrático de Biología de la Universidad de Cambridge.

Luce una barba valleinclanesca sin tener idea de quién fue Valle Inclán, se desplaza en una bicicleta a la que no le pone candado cuando aparca, y es una celebridad cuyos trabajos nadie se toma a risa en la comunidad científica a pesar de que sus conclusiones parecen sugerir una broma excesiva. Se llama Aubrey de Grey. Se pasa el día rodeado de ratones. Los ratones de Aubrey de Grey duran mucho más que los de cualquier otro científico.

En apenas dos lustros ha conseguido multiplicar por tres la vida de sus colaboradores. La cuestión que se planteó cuando empezó a investigar fue: ¿podemos detener el envejecimiento de las células? Empezó por preguntárselo a sus ratones y hoy asegura que, con la ayuda económica necesaria, en los próximos diez años habrá obtenido unos resultados impresionantes.

A ver: un ratón vive unos tres años: Aubrey de Grey los acepta en su laboratorio cuando ya han cumplido dos, y por lo tanto están en la fase final de sus vidas.

Esos ratones están llenos de células que se mueren y que no se reemplazan. En algunos tejidos es fácil remediar ese problema: por ejemplo en el de los músculos: el ejercicio hace que las células se vuelvan a desarrollar. ¿Pero qué pasa con las células de otros tejidos?

Se utilizan factores de crecimiento para ayudar a las células del cerebro a que se dividan para mantenerlo vivo. En cuanto a otras células que no hay manera de resucitar de forma natural, el secreto reside en las células madre: éstas se encargan de regenerar aquellos tejidos que no se pueden poner al día con el mero ejercicio ni con divisiones estratégicas.

Esta terapia ha dado excepcionales resultados en los ratones de Aubrey de Grey. Su plan consiste en seguir investigando con sus mascotas unos diez años más y conseguir unos resultados que sean tan alucinantes que la comunidad científica acepte que es hora de dar el paso y aplicarlos al hombre: de ser así, se habrá conseguido extender la vida humana unos treinta o cuarenta años en perfectas condiciones.

Las cosas van muy deprisa en el mundo de la ciencia y es de prever que durante ese tiempo las investigaciones con células madre avanzarán velozmente, con lo que nuestro paciente –que habrá vivido treinta años más de los que había previsto su cuerpo si cruza con un poco de cuidado los pasos de peatones y no viaja a sitios peligrosos– tendrá una nueva prórroga.

Hasta que se llegue a la posibilidad de regenerar nuestras células conforme vayamos avanzando en el tiempo seguiremos siendo los mismos, pero el envejecimiento se retrasará paulatinamente. Prepárense a cruzar un par de siglos.

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